En el Parque Natural Regional de Armorique, en la Bretaña francesa, un bosque atlántico absolutamente precioso que llegaba hasta la misma orilla del mar.
En la playa de Le Loch, un remanso de paz.
Vistas de nuestra casa de acogida.
La abadía de Landévennec. Su construcción comenzó el s. IX, y fue refugio ante los ataques vikingos.
Nuestra preciosa casa de acogida.
Paseando por los alrededores.
Landévennec y Landarneau, pueblos con encanto.
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El taller de reparación de violines y chelos que acabamos de conocer en el chateau de una pareja de franceses de Mareuil:
Vistas desde nuestra ventana:
El nuevo cobertizo que estamos construyendo (ai ene):
Comida de despedida de nuestros nuevos amigos Sara y Jack, con Belinda y Geoff:
Angoulême, capital europea del cómic:
Y, por último, nuestro precioso jardín en luna llena 🙂
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El miércoles 16 de marzo vinimos de Donostia a Angoulême en TGV, escala Bordeaux, donde nos recogió nuestro primer anfitrión, Geoffrey, inglés, setenta y pico, dejó la fría y lúgubre Inglaterra para venir al Perigord Vert, comprar una casa de piedra enorme y vieja (parte tiene unos 300 años, y la otra parte unos 100) y pasar a engrosar las filas de los colonos británicos de la zona. Tienen una rica vida social y funcionan a base de intercambios, y por ahora estamos participando en ambas dos. El primer día tocó arreglar una verja y desbrozar una fila de matas de 10 años, lo podemos llamar bosque secundario en toda regla, y a la tarde a acarrear piedras para rematar el patio de un jardín vecino. Todo con buen humor, sol, mucho té y más cerveza. Y hoy descanso, visita al mercado (foie gras y acordeones, no se puede ser tan francés sin resultar sospechoso), siesta en la hamaca del jardín y a hacer el vago. Y esta noche toca fiesta irlandesa. Como unos señores, cualquiera diría que vinimos a trabajar.
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