Llegada a Mareuil

El miércoles 16 de marzo vinimos de Donostia a Angoulême en TGV, escala Bordeaux, donde nos recogió nuestro primer anfitrión, Geoffrey, inglés, setenta y pico, dejó la fría y lúgubre Inglaterra para venir al Perigord Vert, comprar una casa de piedra enorme y vieja (parte tiene unos 300 años, y la otra parte unos 100) y pasar a engrosar las filas de los colonos británicos de la zona. Tienen una rica vida social y funcionan a base de intercambios, y por ahora estamos participando en ambas dos. El primer día tocó arreglar una verja y desbrozar una fila de matas de 10 años, lo podemos llamar bosque secundario en toda regla, y a la tarde a acarrear piedras para rematar el patio de un jardín vecino. Todo con buen humor, sol, mucho té y más cerveza. Y hoy descanso, visita al mercado (foie gras y acordeones, no se puede ser tan francés sin resultar sospechoso), siesta en la hamaca del jardín y a hacer el vago. Y esta noche toca fiesta irlandesa. Como unos señores, cualquiera diría que vinimos a trabajar.

 

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